Estoy encantada con nuestro viaje a la India. Delhi me ha sorprendido muy favorablemente y trato de entender la razón por la que algunos todavía piensan que hay que estar bien preparado para una aventura como esta.
Tal vez para lo que nunca estamos lo suficientemente preparados es para las 27 horas que invertimos entre Buenos Aires y Delhi, a pesar de las atenciones recibidas durante el vuelo de Emirates.Al llegar al hotel fue muy placentero ser recibido con el gentil saludo "Namaste" por un gigantón de bigotes vestido como para recibir al Duque de Windsor y a toda su comitiva. Desde entonces no pierdo oportunidad de practicar mi Namaste.El barrio de Nueva Delhi en el que estamos es muy verde, residencial y dinámico, pero como en el resto de la ciudad los conductores usan simultáneamente la bocina y el volante, por lo que el tránsito es caótico y bochinchero.Es evidente que India esta creciendo y se nota en los contrastes, tradicional y moderna, elegante y deteriorada. Es así como en Connaught Place, el corazón de Nueva Delhi. se mezclan tiendas indias con renombradas marcas europeas, todas bajo una recova en la que alguno que otro oportunista te ofrece una oferta tramposa, no muy diferentes a los que abundan en otras grandes ciudades.Pero hay también una vieja Delhi! en la que el cielo se ve a través de innumerables cables entrecruzados, las casas son pequeñas y deterioradas, las callejuelas angostas obligan a sortear las motos que nunca se detienen frente a un peatón y adonde todos quieren hacer negocio.
En la Vieja Delhi visitamos el Fuerte Rojo,la Mezquita Jama Masjid y el Chandi Chowk atestado de Bazares. Agobiados con tal baño de multitudes y con la imperiosa necesidad de un poco de aire puro y tranquilidad, un paseo por los Jardines Lodi nos puso nuevamente en carrera.
Precisamente uno de los platos fuertes de esta carrera es incursionar en la gastronomía local. Nos deleitamos con el Chicken Tandoori, el Kandai Paneer, los Daal y platos vegetarianos y adoptamos el Plain Nam como el pan nuestro de cada día, aunque careciendo de la destreza necesaria para comer con la mano el pobre Nam quedara prácticamente vacío y nos viéramos obligados a retomar el tenedor.
India es un país que adora el color y en el que las mujeres se visten y enjoyan cada día como para ir a una boda. A más de una me hubiera gustado preguntarles adonde podía comprar un atuendo igual, porque todas ellas seleccionan admirablemente los contrastes y combinaciones en los chales que llevan con gracia y en sonoras pulseras.
Creo que aquí las mujeres adornan las calles y hasta contagian a muchas turistas que en otros destinos suelen deambular bastante desaliñadas chancleteando con su mochila a cuestas.
| Fuerte Rojo |
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