martes, 12 de agosto de 2014

CroniCucas India 8

CroniCuca 8: de amores eternos y otras hierbas.

Arribamos a Agra en la tarde de un sábado, y nuestro driver, que a esa altura del recorrido tenía bastante claro que nos gustaban tanto los monumentos como la buena cocina, nos hizo preparar un plato con lo mejor de la gastronomía local. Llegamos al Restaurante con un vino Indio de la Bodega Sula, y la fuente de manjares vernáculos se presentó con luz propia: una vela encendida adentro de un mango tallado en forma de flor, un buen recurso para una ciudad con tantos cortes de luz.


Cuenta la leyenda gastronómica que este plato impronunciable  era el preferido del sultan Sha Yahan, el mismo que hizo construir el Taj Mahal, por lo que resultó un buen prólogo para la visita.



(Lamentablemente, el Maraja perdió algunos privilegios desde que ingresamos al territorio de sus equivalentes musulmanes, los sultanes. El cambio no estuvo nada mal, porque se estaba poniendo demasiado exigente con el reclamo de sus prerrogativas).



Vimos amanecer en el Taj Mahal y, tal vez por su romántica historia y porque muy justificadamente es una de las maravillas del mundo, en la primera contemplación se colaron algunas lágrimas. Es de una belleza conmovedora!!!

Fue bastante mágico debido a que, durante el viaje hasta el sitio y en la fila para comprar las entradas, se desato una tormenta de cielo negro, relámpagos e intensa lluvia, y aunque nos propusieron postergar la visita, yo estaba convencida de que lo veríamos  en todo su esplendor. Al descender del carrito eléctrico que nos transportaba hasta el portal de ingreso, el cielo se fue aclarando, y la luz resulto digna de una producción de Bollywood.



Nuestro guía, encantado con el fenómeno climático, se posicionó cual Roberto Testino, dándonos indicaciones sobre el lugar preciso, la pose a adoptar y adonde dirigir la mirada. En fin!, llegue a la conclusión de que ni en 5 reencarnaciones podría rivalizar con Kate Moss.

Afortunadamente, tuvimos bastante tiempo libre como para admirar el monumento, ver de cerca las espléndidas incrustaciones de piedras preciosas y el tallado de los muros y también tocar el mármol blanco que no ha perdido su belleza con el paso del tiempo. Todo tiene una simetría perfecta: el portal, la fuente, la cúpula, los motivos florales de la decoración y la tumba de la mujer del Sultán, pequeña y delicada. Esta simetría solo se rompe con la tumba de él, debido a que este espacio no fue pensado para albergarla (aunque en mi opinión lo tuviera bien merecido).


El Fuerte de Agra es también una muestra del poderío y el refinamiento del sultán Sha Yahan, cuyas dependencias privadas eran asimismo de mármol blanco; pero el pobre no tuvo mucha suerte con su descendencia, ya que su sexto hijo lo puso prisionero en este mismo sitio temiendo que dilapidara su fortuna en nuevos monumentos.


Llegamos al final del recorrido con nuestro driver y al comienzo de un nuevo desafío: cargar con un equipaje cada vez más incómodo, controlar y equilibrar su peso por las restricciones de los vuelos internos y partir hacia Varanasi.


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