CroniCuca 8: de amores eternos y otras hierbas.
Arribamos a Agra en la tarde de un sábado, y nuestro driver, que a esa altura del recorrido tenía bastante claro que nos gustaban tanto los monumentos como la buena cocina, nos hizo preparar un plato con lo mejor de la gastronomía local. Llegamos al Restaurante con un vino Indio de
Cuenta
la leyenda gastronómica que este plato impronunciable era el preferido
del sultan Sha Yahan, el mismo que hizo construir el Taj Mahal, por lo que
resultó un buen prólogo para la visita.
(Lamentablemente,
el Maraja perdió algunos privilegios desde que ingresamos al territorio de sus
equivalentes musulmanes, los sultanes. El cambio no estuvo nada mal, porque se
estaba poniendo demasiado exigente con el reclamo de sus prerrogativas).
Vimos amanecer en el Taj Mahal y,
tal vez por su romántica historia y porque muy justificadamente es una de las
maravillas del mundo, en la primera contemplación se colaron algunas lágrimas.
Es de una belleza conmovedora!!!
Fue bastante mágico debido a que, durante el viaje hasta el sitio y en la fila
para comprar las entradas, se desato una tormenta de cielo negro, relámpagos e
intensa lluvia, y aunque nos propusieron postergar la visita, yo estaba
convencida de que lo veríamos en todo su esplendor. Al
descender del carrito eléctrico que nos transportaba hasta el portal de
ingreso, el cielo se fue aclarando, y la luz resulto digna de una producción de
Bollywood.
Nuestro
guía, encantado con el fenómeno climático, se posicionó cual Roberto Testino,
dándonos indicaciones sobre el lugar preciso, la pose a adoptar y adonde
dirigir la mirada. En fin!, llegue a la conclusión de que ni en 5
reencarnaciones podría rivalizar con Kate Moss.
Afortunadamente,
tuvimos bastante tiempo libre como para admirar el monumento, ver de cerca las
espléndidas incrustaciones de piedras preciosas y el tallado de los muros y
también tocar el mármol blanco que no ha perdido su belleza con el paso del
tiempo. Todo
tiene una simetría perfecta: el portal, la fuente, la cúpula, los motivos
florales de la decoración y la tumba de la mujer del Sultán, pequeña y
delicada. Esta simetría solo se rompe con la tumba de él, debido a que este
espacio no fue pensado para albergarla (aunque en mi opinión lo tuviera bien
merecido).
El Fuerte de Agra es también una
muestra del poderío y el refinamiento del sultán Sha Yahan, cuyas dependencias
privadas eran asimismo de mármol blanco; pero el pobre no tuvo mucha suerte con
su descendencia, ya que su sexto hijo lo puso prisionero en este mismo sitio
temiendo que dilapidara su fortuna en nuevos monumentos.
Llegamos al final del recorrido con
nuestro driver y al comienzo de un nuevo desafío: cargar con un equipaje cada
vez más incómodo, controlar y equilibrar su peso por las restricciones de los
vuelos internos y partir hacia Varanasi.

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